Manuel Saz

Manuel Saz, inagotable creador,  pintor de excelente técnica y dominio del siempre difícil arte de la acuarela, como podemos observar en sus fantásticos retratos y paisajes.

Manuel Saz. Jamaicano. 2005. Acuarela, 36 x 50 cm

Manuel Saz. Jamaicano. 2005. Acuarela, 36 x 50 cm

Manuel Saz. Marian. 2009. Acuarela, 24 x 32,5 cm

Manuel Saz. Marian. 2009. Acuarela, 24 x 32,5 cm

Manuel Saz. Joaquín. 2012. Acuarela, 56 x 45 cm

Manuel Saz. Joaquín. 2012. Acuarela, 56 x 45 cm

Pero además, hay dos aspectos en los que sobresale este artista: su capacidad para crear una bella atmosfera en los paisajes y su incesante búsqueda del color.

Paisajes de los pequeños pueblos y caminos alrededor de su Teruel  natal. No son estampas bucólicas especialmente bonitas, son caminos y carreteras solitarias, edificios sin interés y rincones llenos de objetos; pero tienen una bella composición y en todos ellos ha sabido captar la atmósfera del lugar: el mercado de la plaza en una mañana calurosa de verano, el frío y la escarcha de un amanecer invernal o un paseo en un camino solitario; destacando el color y sobre todo la luz, esa luz vibrante, mediterránea y especial de su localidad.

No pinta una fotografía exacta de lo que los ojos ven, sino su impresión, lo que siente y aunque ese lugar no tenga un especial interés, lo convierte en algo más hermoso que la realidad, recordándonos una  famosa frase de Oscar Wilde: qué hermoso está hoy el Támesis, parece un Turner.

Manuel Saz. 1. 2002. Acuarela, 26,5 x 34,5 cm

Manuel Saz. Camino de recuerdo I. 2002. Acuarela, 26,5 x 34,5 cm

Manuel Saz. Plaza del Torico. 2003. Acuarela, 38,5 x 54 cm (fotografía Museo Provincial)

Manuel Saz. Plaza del Torico. 2003. Acuarela, 38,5 x 54 cm (basada en fotografía Museo Provincial)

Manuel Saz. Rincón de la estación. 2006. Acuarela, 29 x 38,5 cm

Manuel Saz. Rincón de la estación. 2006. Acuarela, 29 x 38,5 cm

Pero al igual que su admirado Turner buscaba algo más en su pintura, y en un viaje imaginario, irá también renunciando a la exactitud de las formas, para dar vida al color, ese color que capta la luz, da belleza y expresa las emociones; llegando incluso a recordarnos a El Bosco o el surrealismo, donde se desencadena la imaginación, no del autor, sino la del espectador que observa la obra.

Manuel Saz. Piero. 2010. Acuarela, 32 x 45 cm

Manuel Saz. Piero I. 2010. Acuarela, 32 x 45 cm

Manuel Saz. Babel. 2011. Acuarela, 46 x 64 cm

Manuel Saz. Babel. 2011. Acuarela, 46 x 64 cm

Manuel Saz. Atlántida. 2011. Acuarela, 46 x 64 cm

Manuel Saz. Atlántida. 2011. Acuarela, 46 x 64 cm

No sabemos donde nos conducirán las obras de este pintor, pero sí es seguro, que continuará el camino emprendido en su búsqueda particular para expresar sus sentimientos a través de la pintura. Esa pintura que tanto ama y que ha estudiado en profundidad de tantos grandes maestros, pero sobresaliendo sus admirados Turner y Hopper. Del primero toma las atmósferas y protagonismo del color y del segundo, sus originales composiciones y encuadres.

Seguramente seguirá pintando esos paisajes que nos emocionan y seguirá experimentando con el color. Así, una de sus últimas obras es un paisaje de la ciudad de Roma, pero lleno de originalidad, con un cielo de piedra, surgiendo la imaginación del artista y del espectador, donde el dibujo y las formas pierden el protagonismo para dárselo al color y la luz.

Manuel Saz. Roma. 2013. Acuarela, 35 x 25 cm

Manuel Saz. Roma. 2013. Acuarela, 35 x 25 cm

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